Trastorno Depresivo

Descripción

El trastorno depresivo se caracteriza por un estado de tristeza duradera en el tiempo que se inicia por una pérdida, un conflicto grave, un suceso traumático o una frustración repetida ante obstáculos y adversidades que no logramos superar y que nos impiden cubrir nuestras necesidades básicas y satisfacer nuestros deseos de crecimiento y desarrollo personal. La persona reduce su actividad diaria progresivamente, come menos porque se queda inapetente y duerme mal sufriendo pesadillas y terrores nocturnos que le conducen a no querer irse a dormir por la noche y no querer levantarse por la mañana dormitando y soñolienta durante el día.

Síntomas

Los síntomas son tristeza, irritabilidad, ansiedad, apatía, sueño, cansancio, pérdida de apetito, miedos, la persona no quiere salir de casa ni hacer planes. Su pensamiento está anclado en el pasado y es negativo respecto a ellos mismos, la vida y el futuro. Hay sentimientos de culpa, de tristeza y de frustración ante problemas y obstáculos que percibe como insuperables. Existe el denominado efecto de “visión de túnel” por el que la percepción de la persona, su atención y por tanto su visión, se focalizan en una única dirección que es el suicidio como medio de terminar con el sufrimiento. Las ideaciones de suicidio son por ello frecuentes en los peores casos y deben tomarse siempre muy en serio tomando las medidas oportunas que en todos los casos consistirán en contar con la ayuda profesional de un psicólogo clínico.

Tratamiento

El tratamiento de la depresión consiste en primer lugar en la evaluación detallada y cuidadosa de la situación del paciente y del origen y la historia de vida que llamamos anamnesis. Conocer a la persona y sus circunstancias es el primer paso del camino. Comprender su lucha, su sufrimiento y las causas que lo han generado no es tarea fácil ni rápida. El terapeuta deberá explorar y evaluar si existe riesgo de suicidio tocando este asunto con tacto y sensibilidad cuando existan indicios de su existencia. Junto al proceso de conocer a la persona y sus circunstancias evaluaremos el funcionamiento del paciente en su alimentación, sueño, higiene y actividad diaria. La depresión conlleva un abandono de la persona, de uno mismo, que implica la pérdida de hábitos de higiene y cuidados personales. El paciente puede estar ya en tratamiento médico y medicalizado o puede no estarlo, por lo que en este segundo caso el terapeuta deberá evaluar la conveniencia de acudir al médico para ser evaluado y recibir el correspondiente tratamiento farmacológico. En este caso ambos tratamientos, médico y psicológico, cursarán en paralelo siendo conveniente que ambos profesionales estén en contacto y conozcan las actuaciones y la evolución del paciente común directamente por boca del otro profesional trabajando así en equipo, lo cual no suele suceder lamentablemente.

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