Tristeza Infantil

Descripción

Cuando sufrimos una pérdida importante atravesamos cinco etapas: negación y aislamiento, rabia, negociación, depresión y aceptación (E. Kubler.Ross 1973). A lo largo de su desarrollo los niños sufren muchos tipos de pérdidas que les pueden afectar profundamente: pérdida de un juguete favorito, un amigo, un barrio, un profesor querido, una mascota, un progenitor, una enfermedad con secuelas, la muerte de un padre, un hermano, un amigo, un abuelo. Cuando los niños crecen dichas pérdidas, sin una expresión adecuada del dolor, causan estragos en su desarrollo. Es frecuente que presente síntomas y conductas preocupantes a los meses o incluso años después de una pérdida determinada. Si bien el niño tiene la capacidad de atravesar de forma natural el proceso de duelo, este puede verse interrumpido o malogrado por muchas causas como no haber podido hablar extensamente de sus sentimientos y creencias sobre lo ocurrido; haber recibido mensajes erróneos sobre los sentimientos y conductas “deseables y aceptables” tras el suceso; haberle prohibido el dolor, el llanto o la expresión de la tristeza y la rabia; o sentirse culpable de lo ocurrido por su natural visión egocéntrica del mundo y no atreverse a decirlo.

Síntomas

Podemos encontrar confusión, abandono, pérdida de sí mismo, culpa, miedo, pérdida de control, sentimientos de traición, necesidad de cuidar a los padres, sentimientos no expresados de tristeza, rabia, vergüenza e ideas equivocadas.

También es frecuente que aparezcan pesadillas y terrores nocturnos con miedos y preocupaciones asociadas a lo vivido.  Estas preocupaciones, miedos y pensamientos recurrentes sobre lo vivido aparecerán en el juego del niño y en sus dibujos y expresiones artísticas.

Tratamiento

Sin prisa el terapeuta infantil se acercará al niño alternando pequeñas conversaciones con juegos y actividades lúdicas donde el pequeño irá manifestando sus dificultades. Es apropiado recibir al menor junto con los progenitores donde entre todos expliquen lo que ha sucedido y sean escuchados y guiados por las preguntas del terapeuta. Éste ira explorando las circunstancias actuales con su comienzo y su desarrollo.

Yo personalmente trabajo de un modo en el en muchas ocasiones pido pasar al progenitor que acude a mi consulta para contarle lo que hicimos, conocer cómo han percibido al niño durante la semana y, si es el caso, valorar juntos progresos y dificultades en los objetivos y la tarea del menor o de ambos. No contamos todo ya que yo respeto al niño y le pregunto si desea compartir con su madre o su padre todo o parte de lo que hablamos. Aprovecho esta reunión para observar la interacción entre progenitor e hij@. Mi formación en terapia de familia me permite trabajar así y he comprobado que involucrar de este modo a los padres en el tratamiento nos permite alcanzar nuestras metas con mayor eficacia.

El trabajo individual con el niño es a base de juegos y actividades artísticas alrededor de las cuales vamos construyendo una relación donde el menor se va abriendo poco a poco y le vamos ayudando a poner palabras y significados a sus vivencias y sentimientos. Según la edad y las características del niño puedo emplear un cuaderno personal en el que vamos haciendo como un libro en donde mediante dibujos y ejercicios yo voy conociendo al niño y él evoca aspectos de su pasado y los integra en su auto concepto mejorando su autoestima poco a poco.

Como en el caso del adulto, la repetición de las vivencias traumáticas es necesaria para su elaboración. Con el niño esto se hace mediante la palabra, en forma de conversaciones o ejercicios escritos, los dibujos, los cuentos y el juego.

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